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Portugal exige a Venezuela la liberación de comerciantes lusos o "habrá consecuencias"

El canciller de Portugal, Augusto Santos Silva, se reunió este lunes con su homólogo en Venezuela, Jorge Arreaza, donde le advirtió que "habrá consecuencias" graves de no liberar a sus compatriotas detenidos.

En este sentido, Santos rechazó la existencia de una docena de gerentes portugueses de supermercados detenidos por el delito de sobreprecio.

Le "dije a mi colega que para nosotros había una línea roja y que, evidentemente, de no haber avances en la superación de este problema eso tendría consecuencias en las relaciones bilaterales", dijo el canciller portugués a la prensa.

Santos Silva pidió "acceso inmediato a los detenidos portugueses por parte de las autoridades consulares" y estimó que la ley de control de precios adoptada por el gobierno de Nicolás Maduro "es imposible de cumplir".

Las medidas de Caracas "ponen en peligro su medio de vida", se quejó el ministro portugués de Relaciones Exteriores. "Es una iniciativa administrativa dirigida contra los intereses portugueses en Venezuela, en particular contra la pequeña y media distribución".

Por su parte, el canciller venezolano respondió a Santos Silva que "los empresarios portugueses en Venezuela son amados, queridos (...) y que el hecho de que 10 o 12 gerentes de algunas empresas portuguesas hayan incumplido con algunas leyes en Venezuela no implica en ningún momento ningún tipo de acción contra Portugal".

"Creo que lo ha entendido muy bien y vamos a seguir en la comunicación y el diálogo", indicó Arreaza.

Cabe resaltar que desde el 20 de agosto cuando el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, implementó las medidas económicas, comenzó una "cacería de brujas", denominada así por dirigentes de la oposición, para detener a las personas que aumenten el precio a los productos de primera necesidad.

En la actualidad se encuentran 150 gerentes privados de libertad. En la última semana de desató una ola de detenciones y 34 encargados de los supermercados manejados por portugueses fueron arrestados.

@Betzimar17

Cristiano Ronaldo sigue siendo el más decisivo del Mundial

El delantero Cristiano Ronaldo consiguió igualar cuando peor lo pasaba su selección ante España y ante Marruecos se bastó y se sobró para que su equipo sumara tres puntos

Cristiano Ronaldo se está convirtiendo en el factor más determinante de lo que va de Mundial. Portugal gira alrededor de delantero madridista, tanto que los goles, ocasiones y jugadas de peligro tienen denominación de origen Madeira.

El delantero consiguió igualar cuando peor lo pasaba su selección ante España y ante Marruecos se bastó y se sobró para que su equipo sumara tres puntos. Suyo fue el gol, las jugadas de peligro y la sensación de que en cualquier momento podía ser decisivo.El gol a los cuatro minutos con el que abrió el marcador el jugador del Real Madrid convirtió el resto del partido en un monólogo de la selección de Marruecos, que buscó el empate con ganas y buen fútbol desde el momento en el que se vio con todo en contra y fuera del Mundial.

El problema que se encontró la selección de Marruecos es que Cristiano Ronaldo es irrepetible y para desgracia de los Benatia y compañía es que es portugués y es el jugador más en forma de los que ya se han asomado por el Mundial. Encima y, por si fuera poco, se toparon con Rui Patricio, recién fichado por el Wolverhampton, pero que ha sido capaz de solventar el peligro en el que se metieron sus compañeros al renunciar al ataque y pensar en aguantar sin más fútbol que el de los balones a CR7.

Rui Patricio se convirtió, con permiso del Ronaldo, en el héroe portugués. Tres o cuatro manos milagrosas evitaron el empate ante ocasiones de Benatia (tuvo hasta cuatro ocasiones), Amrabat o a última hora Fajr. Monir no se quedó atrás con una parada a una mano ante un Guedes desaparecido y como fuera de sitio al jugar en punta, sin apenas espacio para correr como él sabe.

Marruecos peleó con seguir con vida hasta el final, pero lo cierto es que la derrota le deja con cero puntos y eliminada. El fútbol no ha hecho justicia con lo mostrado por la selección africana. Ante Irán un gol en propia puerta la castigó en exceso y ante Portugal una falta y un despiste en la marca de Da Costa posibilitó que Ronaldo encontrara la rendija para que Portugal sumara su primera victoria y él su cuarto gol de la cita rusa.

Un descomunal Cristiano silencia a una España con personalidad (3-3)

'La Roja' remonta dos veces pero acaba cediendo el empate en una falta que Cristiano clava en la escuadra para firmar un 'hat trick'


En una enloquecida noche rusa, España empezó perdiendo, reaccionó con una entereza de hierro dejando grandes minutos, descubrió que no tiene portero solvente (De Gea no solo hizo la estatua sino que tuvo hasta miedo de tocar el balón con las manos) y que no le basta con tener un nueve eficaz: los dos goles de Costa no fueron suficientes. Donde Portugal no tenía nada, emergió la figura descomunal de Cristiano para silenciar a una España con tremenda personalidad. Lo tuvo todo en contra, hasta la mejor versión de Cristiano, pero se levantó con fuerza después de tanto caos: el adiós de Lopetegui, el penalti, el gravísimo fallo de De Gea, la falta de Piqué...

Inocencia de Nacho

Mal empezó España. Mal acabó la primera parte. Del inicio al fin un partido volcánico donde el equipo de Fernando Hierro, aunque era, en realidad, de Lopetegui porque podía llevar la firma del nuevo entrenador del Madrid, no tuvo el control. Sacó a Nacho para tener estabilidad defensiva, arropado por Koke, el guardaespaldas de Busquets, en el flanco derecho. Cuando se dieron cuenta, Cristiano Ronaldo ya festejaba feliz el gol de penalti, muy protestado por los jugadores españoles, que adelantaba a Portugal. Muchos dirán que no era penalti, pero la inocencia de Nacho contribuyó. Parece mentira que el lateral no supiera los recursos de su compañero en el Madrid. Cayó con demasiada facilidad en esa acción tan ronaldista.
A la selección de Lopetegui, perdón, de Hierro, no le había dado tiempo para tomarle las medidas al fastuoso Fisht Olympic Stadium de Sochi. El escenario ideal para Portugal, parapetada atrás, dejando solo a Guedes y Cristiano como doble nueve, aunque en el caso del joven jugador del Valencia con una clarísima misión defensiva: tapar los caminos a Busquets. España sufrió unos 20 minutos iniciales terribles porque padecía en cada transición defensiva una tortura.

Tuvo suerte, todo hay que decirlo, de que Guedes, brillante tácticamente, estuvo espeso en la definición. Hasta dos ocasiones claras desperdició, una de ellas llegó a través de un saque de esquina a favor de España. Un balón que transitó del área de Rui Patricio a la de De Gea sin que nadie de ‘La Roja’, que iba vestida de blanca, osara frenarlo. Apareció, ya en el último suspiro, Jordi Alba, corrigiendo su posición defensiva, para sostener a un equipo desequilibrado.

A partir de ahí, España gobernó el balón con una autoridad insultante generando enorme peligro por la banda izquierda con el triángulo Iniesta-Isco-Jordi Alba: ¿Y en la derecha? Nada. Era, por lo tanto, un equipo cojo. Aún así, era una selección reconocible, por mucho que el tanto del empate firmado por un potente Diego Costa evocara a los que marca el cholismo con el Atlético. Pase largo de Busquets, falta del delantero brasileño (¡ni rastro del VAR!) y una definición de auténtico nueve. Se buscó (y se ganó muy bien) la vida.

Un error grosero

España ya había hecho lo más difícil. Empujar a Portugal con el balón hasta el hogar de Rui Patricio, que tembló de manera espectacular con un imponente disparo de Isco que sacudió el larguero portugués. Dominaba el equipo de Hierro hasta que De Gea, con un error grosero, decidió darle vida a Cristiano. Disparó la estrella del Madrid y el meta del United se derritió de tal manera que la figura de Karius, el desdichado portero del Liverpool. Se marchó España deprimida al descanso, preguntándose qué demonios le había pasado. Cuando mejor jugaba, se arrodilló. La respuesta es sencilla. De Gea no supo que hacer con sus manos.
En la segunda mitad, y en un cuarto de hora soberbio, la selección de Hierro demostró tener libreta (así llegó el 2-2, obra de Diego Costa) y a Nacho, un lateral que tenía que hacerse perdonar por su infantil error inicial. Una falta servida por delicadeza por Silva encontró la cabeza de Busquets y el oportunismo del ‘nueve’ de España. Lo más difícil estaba hecho. Pero tres minutos más tarde, y cuando ya no había rastro alguno de Portugal, se reunieron en el costado izquierdo los pequeños de España (Silva, Jordi Alba, con Iniesta merodeando) protegidos por el manto mágico de Isco. Atrayeron a una multitud de portugueses hasta que el balón terminó en la otra punta donde Nacho, disfrazado de puro nueve, conectó un maravilloso derechazo para darle la vuelta a un partido que tenía muy mala pinta. Malísima. La pelota, caprichosa ella, tocó en el palo antes de que el fútbol le devolviera, y con creces, todo lo que había perdido en ese penalti infantil.

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