A+ A A-

Mi escuelita de periodismo

Periodistas Periodistas

El periodista Mélido Estaba Rojas nos envía este trabajo de opinión referido al Día del Periodista, recordando aquellos anhelados tiempos en la Escuela de Comunicación Social en la UCV, donde también estudió y se graduó con su amiga, Desiree Santos Amaral entre tantos otros.

Mélido Estaba Rojas.
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Había un salón enorme anegado con máquinas de escribir, que ya habían dado lo mejor y ahora mostraban airosas el efecto de tantas enseñanzas, con letras desgastadas que debíamos adivinar sobre el teclado; cintas silenciosas de color, y palancas espaciadoras que desobedecían los mandatos de los escribidores. Por allá pasábamos los más piratas del curso dando carreras de última hora, buscando datos, para remendar un lead con su cuerpo y cola, encasquetarle un título bien llamativo y salir del compromiso con "Informativo". 

Era el comienzo de aquel sueño frondoso de llegar a ser periodista y experimentar esa felicidad sin apellido que proporciona ver el nombre de uno escrito en "letras de imprenta". La entrada a mi escuelita era un campo experimental para deshilachar conversas, donde cada quien inventaba y exageraba temas, o preparaba planes para los días que habrían de venir. Mucho cigarrillo (o “déjame la colita”) un cuaderno que aguantaba todo, y conseguir los dos bolos para el comedor, eran la trinidad de factores que se imponía en esos días maravillosos, abultados de camaradería solidaria y resabios entre las mesas del cafetín, donde se inventaron las propinas tipo estudiante. Una cartelera forrada de cartulina proletaria convocaba al sentimiento y actitud consecuentes con la ideología revolucionaria, pero también era buena para empastar poemas, y publicar convocatorias avaladas con el nombre de "Nico", secretaria eterna y alma insustituible en el cuerpo directivo.

Por allí surgía la prudencia acompasada de Manuel Isidro Molina, padre del Diagrámetro que los corrillos llamaron molinómetro; y más allá -pipa en ristre-con su chaqueta a cuadros, se asomaba Jesús Rosas Marcano, margariteño y padrino de la promoción, perdonando a los faltones en la entrega de las fichas; Gloria Cuenca, escondiendo la sonrisa que le encantaba publicitar; y Díaz Rangel arrancándola entre las muchachas. La escuelita de periodismo UCV era la progenitora de las libertades, y las lecciones que de allí irradiaban volaban con aliento de unificación ciudadana. Entonces escuchar clases en sus salones era un regalo sin dimensión cultural, porque en ellos habitaba la magia del aprendizaje elemental, que se propagaba en voces como las de Rosas Marcano, Héctor Mujica, Federico Álvarez y su esposa Olga, Pascual Venegas Filardo, Núñez Tenorio, Adriano González León, Adolfo Herrera, Pedro León Zapata, José Freites, Alexis Márquez Rodríguez, Raúl Agudo Freites, Aníbal Nazoa, Juan Páez Ávila, Gloria cuenca, Eduardo Orozco...

Eran tiempos de linotipos y chibaletes, de tipómetros, cuartillas y pliegos para diagramar a punta de marcadores negros y rojos. Los títulos estaban preestablecidos en extensión porque no podían ir más allá de determinado número de letras, y las fotos estampadas en clichés; la selección del color era uno de las trampas más comunes en el oficio. El periodismo se levantaba con la frescura de lo nuevo, al lado de otras carreras de mayor prestigio, que iban muy adelantadas y tenían preferencia.

En las vacaciones, coincidíamos los hermanos que recalábamos a Altagracia y nos amorochábamos en la mesita para comer arepa, pescao y guarapo. Se hablaba de medicina, números, pedagogía, mientras mamá iba y venía tendiendo “telas” y arrimándolas calienticas sobre el hule, orgullosa de ver a su muchachera destrozándolas. De vez en cuando paraba el oído para captar los comentarios de sus bachilleres.

Seguramente yo debía estar algo distraído porque ella me dio un golpecito en el hombro para preguntarme ¿Y qué diablo es lo que estudias tú, mijito? Y yo – muriéndome del orgullo- le respondí “Mamá, yo estudio periodismo” mientras ella con un gesto de decepción me lanzó otra arepa con su respuesta…¡Carajo, muchacho! … ¿Y esa vaina también se estudia?

 

Modificado por última vez enJueves, 21 Junio 2018 16:57

Deja un comentario

Asegúrese de introducir toda la información requerida, indicada por un asterisco (*). No se permite código HTML.